El sábado 25 de julio de 2026, el auditorio Natividad Pinto de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá, acogió una ceremonia inédita para la Facultad de Odontología en sus 94 años de historia: la primera investidura de batas blancas para los estudiantes que comenzarán la atención de pacientes.
La jornada reunió a estudiantes, familias, docentes, personal administrativo, auxiliares de clínica y directivas universitarias alrededor de uno de los momentos más significativos de la formación odontológica. La entrega de las batas marcó el paso de las aulas, los laboratorios y las prácticas preclínicas a una etapa en la que los conocimientos adquiridos deberán ponerse al servicio de las personas.


Ingresar a la clínica implica asumir una responsabilidad que trasciende el cumplimiento de requisitos académicos. Cada diagnóstico, procedimiento y decisión demanda preparación, criterio profesional, rigor científico y un compromiso ético con el bienestar del paciente.
La bata blanca representa ese cambio. Deja de ser una prenda utilizada en los espacios de formación para convertirse en un símbolo de confianza, responsabilidad y pertenencia. Quien la viste recibe también el compromiso de escuchar, explicar cada procedimiento, actuar con empatía y reconocer la dignidad de las personas que ponen su salud en manos de los futuros profesionales.
En la unidad odontológica no se atiende únicamente una condición clínica, un diente o un procedimiento. Allí llega una persona con dolor, expectativas, temores o la esperanza de recuperar funciones esenciales como comer, hablar y sonreír. Comprender esta dimensión humana será tan importante como desarrollar la precisión técnica y la destreza necesarias para el ejercicio de la profesión.
La ceremonia se articula con el fortalecimiento del espacio docente-asistencial de la Facultad y de los escenarios donde se desarrollan sus programas de formación. La clínica constituye un lugar de aprendizaje, pero también un espacio en el que se construyen relaciones de confianza, se aprende de la experiencia y se comprende el alcance social de la odontología.
A partir de esta etapa, el aprendizaje adquiere una referencia distinta: la calificación deja de ser el único horizonte y el paciente se convierte en la medida concreta de la preparación, el cuidado y la responsabilidad profesional.

